NARRACION.
Esta
es una breve historia de un funcionario policial, que solo quería terminar su
hora de trabajo e irse a descansar a su hogar, como habitualmente lo hace desde
hace 15 años en las filas de la policía del estado.
Todo
comenzó cuando el oficial agregado pedro de lo palitos se disponía a entregar
su servicio en la brigada vehicular, y cuando fue a devolver el arma de
reglamento ve a su jefe inmediato en una charla amena y por demás muy
entretenida con la que se denomina en nuestro vocabulario policial la parquera,
ya habían trascurrido aproximadamente 15 minutos y la cola se hacía más larga y
las molestias se acrecentaban en el personal, razón por la cual el oficial pedro
de los palitos le dice de forma de broma que dejaran la visita que el tenía
sueño y se quería retirar a dormir. De inmediato la reacción de su jefe no se
hizo esperar e increpo a el oficial de una manera grosera e intimidante, razón
por lo cual el oficial ante tal atropello se vio obligado a responderle de la
misma manera altanera y desafiante. Lo cierto del caso es que se dijeron de
todo, y por supuesto predomino la jerarquía del superior inmediato amenazándolo
que por su conducta indecorosa él lo va a sancionar con una asistencia
obligatoria. El oficial replico que hiciera lo que le diera la gana y se
marchó. A los 2 días cuando el oficial se apersona a trabajar lo estaba
esperando el supervisor para decirle que pasara a la oficina que él tenía que firmar un auto de apertura y
notificación por lo sucedido días atrás. Esto encolerizo al oficial y le dijo
que él no va a firmar nada, se dio media vuelta y se fue, más sin embargo le
quedo la duda si lo que él hizo estuvo bien y llamo a un amigo policía también
y de paso es abogado, el cual al escuchar el relato del oficial de inmediato
pudo discernir que estaba frente a una mala actuación de ambos y que el derecho
administrativo que debe imperar en casos como estos estaba de vacaciones, en
pocas palabras la ley del oeste y la que predomina es la del más fuerte sobre
los más débiles. Los dos actuaron mal, ambos desconocen sus deberes, derechos y
obligaciones, y aún permanece acechante la arbitrariedad de corte castrense, y
aun los policías de Mérida piensan que están en las fuerzas armadas, hasta que
no asimilen que somos civiles y que nos regimos por normas civiles, el proceso
de profesionalización será más lento.
CARLOS ENRIQUE CONTRERAS SANCHEZ
C.I.V-9.478.987
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