martes, 13 de mayo de 2014

NARRACION.

Esta es una breve historia de un funcionario policial, que solo quería terminar su hora de trabajo e irse a descansar a su hogar, como habitualmente lo hace desde hace 15 años en las filas de la policía del estado.

Todo comenzó cuando el oficial agregado pedro de lo palitos se disponía a entregar su servicio en la brigada vehicular, y cuando fue a devolver el arma de reglamento ve a su jefe inmediato en una charla amena y por demás muy entretenida con la que se denomina en nuestro vocabulario policial la parquera, ya habían trascurrido aproximadamente 15 minutos y la cola se hacía más larga y las molestias se acrecentaban en el personal, razón por la cual el oficial pedro de los palitos le dice de forma de broma que dejaran la visita que el tenía sueño y se quería retirar a dormir. De inmediato la reacción de su jefe no se hizo esperar e increpo a el oficial de una manera grosera e intimidante, razón por lo cual el oficial ante tal atropello se vio obligado a responderle de la misma manera altanera y desafiante. Lo cierto del caso es que se dijeron de todo, y por supuesto predomino la jerarquía del superior inmediato amenazándolo que por su conducta indecorosa él lo va a sancionar con una asistencia obligatoria. El oficial replico que hiciera lo que le diera la gana y se marchó. A los 2 días cuando el oficial se apersona a trabajar lo estaba esperando el supervisor para decirle que pasara a la oficina que él  tenía que firmar un auto de apertura y notificación por lo sucedido días atrás. Esto encolerizo al oficial y le dijo que él no va a firmar nada, se dio media vuelta y se fue, más sin embargo le quedo la duda si lo que él hizo estuvo bien y llamo a un amigo policía también y de paso es abogado, el cual al escuchar el relato del oficial de inmediato pudo discernir que estaba frente a una mala actuación de ambos y que el derecho administrativo que debe imperar en casos como estos estaba de vacaciones, en pocas palabras la ley del oeste y la que predomina es la del más fuerte sobre los más débiles. Los dos actuaron mal, ambos desconocen sus deberes, derechos y obligaciones, y aún permanece acechante la arbitrariedad de corte castrense, y aun los policías de Mérida piensan que están en las fuerzas armadas, hasta que no asimilen que somos civiles y que nos regimos por normas civiles, el proceso de profesionalización será más lento.


CARLOS ENRIQUE CONTRERAS SANCHEZ
C.I.V-9.478.987 

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